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El análisis de la situación en el proceso de planeamiento estratégico

Publicado el 11 de Julio del 2017 por Manuel Ramos, Ph.D., Director General de St


El análisis de la situación es la base del plan estratégico. En esta etapa del proceso de planificación, los protagonistas son los datos y los hechos, no las ideas. El FODA es una de las herramientas que se utiliza para realizar el análisis de la situación y contrariamente a la práctica común, éste no se construye a través de una “tormenta de ideas”, sino profundizando en variables tanto externas como internas e identificando datos y hechos sobre las mismas.

Lo primero que se debe hacer en el análisis de la situación es seleccionar las variables externas e internas que se van a evaluar. A partir de ahí, se profundizará en datos y hechos de cada variable analizada. Esto permite sacar conclusiones que, posteriormente, serán llevadas al FODA, como fortalezas, oportunidades, debilidades o amenazas.

 

Para realizar el análisis externo, se analizan variables como el entorno político, económico, social, tecnológico, ecológico y legal, que no se controlan. También es fundamental entender al mercado, al cliente, a los productos sustitutos y, por supuesto, a la competencia. Estas son algunas variables que, si se analizan en profundidad, ayudarán a las organizaciones a navegar mejor en un mercado lleno de amenazas y de oportunidades.

 

El análisis interno es algo más sencillo. En este, se analizan variables que sí se controlan, como la tecnología, el portafolio de productos, las marcas y los recursos humanos o financieros entre otras. Al mirarse a sí misma, a la empresa le será relativamente fácil entender cuáles son sus principales fortalezas y debilidades.

 

Cada variable se debe analizar de forma profunda identificando datos y hechos de cada una. Si se está analizando la variable “entorno económico” del país, no se debe llegar directamente a las conclusiones, ni reflejar si este es favorable para las inversiones o no. En cambio, es importante entender datos sobre la inflación, el PBI, las reservas, la tasa de pobreza, el ingreso promedio per cápita o la evolución del gasto real, entre otros, para a continuación, concluir si el entorno económico es favorable, o no, para las inversiones. Del mismo tipo de análisis, si se profundiza aún más, por región, se puede concluir también que determinadas zonas del país ofrecen mayores o menores oportunidades para la organización.

 

Este tipo de análisis se realiza con las variables externas e internas. De esta forma será posible formular conclusiones del análisis externo que, además, serán oportunidades o amenazas sobre las que la empresa no tiene control alguno. En cuanto a las oportunidades, un error común es reflejar lo que debe hacer la compañía en forma de estrategia o acción. Qué hacer, se define posteriormente en el proceso de planificación, no en el FODA o en el análisis de la situación. Del análisis interno, se sacarán conclusiones que claramente serán fortalezas o debilidades de la organización sobre las que sí hay control. Las conclusiones del análisis externo e interno se resumen en el FODA.

 

El FODA de la competencia requiere un trato especial. La competencia debe analizarse detenidamente y al detalle. Es importante analizar datos y hechos cuyas conclusiones sean fortalezas o debilidades de la competencia en general o de algún competidor en particular. Además, las fortalezas previamente identificadas para nuestra compañía serán amenazas en el FODA de la competencia, y en el FODA de la competencia, nuestras debilidades se transcribirán como oportunidades. De las conclusiones sobre el entorno político, económico, social, tecnológico, ecológico y legal, los proveedores, los productos sustitutos, el mercado y el cliente, se identifican las mismas oportunidades y amenazas tanto en el FODA de la competencia como en el de nuestra empresa.

 

Realizar un buen análisis de la situación, es clave en el proceso de planeamiento estratégico. Este es la base sobre la que se sustenta el plan. Si el análisis no es correcto, tocará sólo la superficie o no se basará en datos y hechos; en este sentido, el trabajo posterior que se realice en el proceso de planificación no será el adecuado.

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El análisis de la situación es la base del plan estratégico. En esta etapa del proceso de planificación, los protagonistas son los datos y los hechos, no las ideas. El FODA es una de las herramientas que se utiliza para realizar el análisis de la situación y contrariamente a la práctica común, éste no se construye a través de una “tormenta de ideas”, sino profundizando en variables tanto externas como internas e identificando datos y hechos sobre las mismas.

Lo primero que se debe hacer en el análisis de la situación es seleccionar las variables externas e internas que se van a evaluar. A partir de ahí, se profundizará en datos y hechos de cada variable analizada. Esto permite sacar conclusiones que, posteriormente, serán llevadas al FODA, como fortalezas, oportunidades, debilidades o amenazas.

 

Para realizar el análisis externo, se analizan variables como el entorno político, económico, social, tecnológico, ecológico y legal, que no se controlan. También es fundamental entender al mercado, al cliente, a los productos sustitutos y, por supuesto, a la competencia. Estas son algunas variables que, si se analizan en profundidad, ayudarán a las organizaciones a navegar mejor en un mercado lleno de amenazas y de oportunidades.

 

El análisis interno es algo más sencillo. En este, se analizan variables que sí se controlan, como la tecnología, el portafolio de productos, las marcas y los recursos humanos o financieros entre otras. Al mirarse a sí misma, a la empresa le será relativamente fácil entender cuáles son sus principales fortalezas y debilidades.

 

Cada variable se debe analizar de forma profunda identificando datos y hechos de cada una. Si se está analizando la variable “entorno económico” del país, no se debe llegar directamente a las conclusiones, ni reflejar si este es favorable para las inversiones o no. En cambio, es importante entender datos sobre la inflación, el PBI, las reservas, la tasa de pobreza, el ingreso promedio per cápita o la evolución del gasto real, entre otros, para a continuación, concluir si el entorno económico es favorable, o no, para las inversiones. Del mismo tipo de análisis, si se profundiza aún más, por región, se puede concluir también que determinadas zonas del país ofrecen mayores o menores oportunidades para la organización.

 

Este tipo de análisis se realiza con las variables externas e internas. De esta forma será posible formular conclusiones del análisis externo que, además, serán oportunidades o amenazas sobre las que la empresa no tiene control alguno. En cuanto a las oportunidades, un error común es reflejar lo que debe hacer la compañía en forma de estrategia o acción. Qué hacer, se define posteriormente en el proceso de planificación, no en el FODA o en el análisis de la situación. Del análisis interno, se sacarán conclusiones que claramente serán fortalezas o debilidades de la organización sobre las que sí hay control. Las conclusiones del análisis externo e interno se resumen en el FODA.

 

El FODA de la competencia requiere un trato especial. La competencia debe analizarse detenidamente y al detalle. Es importante analizar datos y hechos cuyas conclusiones sean fortalezas o debilidades de la competencia en general o de algún competidor en particular. Además, las fortalezas previamente identificadas para nuestra compañía serán amenazas en el FODA de la competencia, y en el FODA de la competencia, nuestras debilidades se transcribirán como oportunidades. De las conclusiones sobre el entorno político, económico, social, tecnológico, ecológico y legal, los proveedores, los productos sustitutos, el mercado y el cliente, se identifican las mismas oportunidades y amenazas tanto en el FODA de la competencia como en el de nuestra empresa.

 

Realizar un buen análisis de la situación, es clave en el proceso de planeamiento estratégico. Este es la base sobre la que se sustenta el plan. Si el análisis no es correcto, tocará sólo la superficie o no se basará en datos y hechos; en este sentido, el trabajo posterior que se realice en el proceso de planificación no será el adecuado.

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